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UNA DE PIRATAS o EL SEXO Y EL MAL

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No deja de resultar impactante la continuada identificación del amor con el Bien y del sexo con el Mal en los productos que nuestra cultura genera para consumo de masas. En ellos el amor se presenta como el Bien sobre el Mal, la pureza sobre la podredumbre, lo excelso sobre el barro, lo limpio sobre lo sucio, el idilio sobre el sudor, el cielo sobre el suelo, el espíritu sobre la carne/materia, como la promesa de un mundo que será mejor por estar transpenetrado por ese aire limpio, sano y potente, capaz de purificar toda la suciedad de la historia humana.

Suena bien, incluso muy bien, pero ¿qué es eso de la “suciedad de la historia humana”? Está claro que se referirá a todos los productos del odio, el miedo, la rabia, la envidia, el poder desatado… está claro. Pero ¿hay algo más?… ¿habrá algo más que, bien disfrazado, se nos esté colando sin darnos cuenta? Pues veamos: ¿con qué queremos que se lleve bien el amor, pero se lleva a matar? … ¿con qué anda perdida la mitad de la humanidad, dando machaconamente la lata a la otra mitad, impidiéndola vivir de manera limpia, bella, sana y alegre? … Exacto, con el sexo. Una buena parte de lo que nos ensucia es el sexo, que todo lo mancha -hasta las sábanas-, y no digamos ya y que a veces se convierte en arma arrojadiza: “si no me quieres, no follas!”: Satanás y todos sus secuaces, íncubos, súcubos y demás ralea del inframundo, son obsesos folladores compulsivos, conspicuos, contumaces (…y potentísimos, tú, ¡qué envidia!); por eso están donde están, en el infierno.

Contra ellos, el Amor –y la Mujer-C− trae la fuerza inmensa de la pureza más candorosa, capaz de limpiar toda esa inmundicia

A principios de este siglo la factoría Disney creó la saga “Piratas del Caribe” para recuperar la taquillera diversión de las antiguas películas de piratas. Como iban a ser películas para todos lo públicos, la intención fue que en ella apareciese el Bien (amor y sana diversión), pero no apareciese el Mal (violencia y sexo).

Pues bien, resulta que esos objetivos se cumplen sólo en parte, porque amor sí que hay, desde luego −amor de Hollywood, claro−, y es una parte clave de la trama, pero que la diversión sea no violenta y que no haya sexo… vamos a verlo.

Violencia sí que hay, y mucha, y con muchos muertos, aunque con poca sangre y entre risas, como es tradición en el género: numerosos sables se hunden en múltiples cuerpos que caen al mar lanzando cómicos alaridos de dolor y de horror ante la muerte que les espera, rodeados de otros cadáveres y tiburones enloquecidos por la abundancia de sangre; estruendosos cañonazos reducen a astillas navíos enteros con decenas de piratas y soldados que saltan por los aires; arcabuces y trabucos disparan a quemarropa a caras asombradas, que mueren con gesto de idiota; la anarquía desbanca al orden, el pirata disoluto y borracho arrasa siempre a las fuerzas mojigatas e incapaces del orden establecido, dejándolas en ridículo y riéndose de ellas –y haciéndonos reír a todos− a mandíbula batiente; todo ello entre el entusiasmo de la chavalería y el público que, con rostros embobados profieren alaridos de placer ante la pantalla y hacen aspavientos de dicha… placer y dicha inocentes ante la profusa muerte y la anarquía en su peor definición.

Todo eso se considera apto para todos los públicos, atractivo, divertido: amor fiel, más fuerte que todo, violencia asesina y muerte. Todo ello cabe dentro del Bien, parece ser. Lo único que no cabe es lo no mostrable ni entre risas, la quintaesencia del mal… eso, lo peor de lo peor, peor que la muerte violenta y el destripe del orden establecido: EL SEXO. No se ve a nadie follando ni desnudo ni en posiciones desvergonzadas o provocativas que puedan dañar conciencias inocentes. 

Bueno, sí, a decir verdad sí que se ve, pero es entre los bárbaros, en Tortuga, la isla-refugio de los piratas. Allí hay de todo, trifulcas, borracheras, desmadre absoluto, piratas malolientes, pendencieros y tramposos, putas bastas, ebrias, pintarrajeadas, de enormes y apretados pechos… que, sin embargo esperan ser amadas fielmente y se indignan cuando son engañadas con falsas promesas. Pero ¡en fin!, ¿qué se puede esperar de los bárbaros? O sea, sexo sí que hay, pero se deja claro que es algo que pertenece a la inmundicia humana, a lo más degradado de lo humano.

Al otro lado de esa barbarie están los ingleses, en quienes todo es orden, disciplina, pulcritud y amor puro (que, como bien podemos suponer es el que no contiene ni una pizca de sucio e impuro sexo).

Así que sí, como no podía ser menos, por debajo de la puerta y sin ser notado, se les ha colado el sexo en la saga, a pesar de pretender evitarlo activamente. Aparece en forma de sexo sucio de los bárbaros, en contraposición con el Amor puro de los pulcros ciudadanos ingleses. Aparece como apetecible, limpia y sana heterosexualidad que contrasta con el baboso y asqueroso gesto de hambre homosex que el segundo de Barbossa, el enorme negro−polla que le acompaña, lanza a los dos cómicos piratas a quienes les toca la vergüenza de tener que travestirse de damiselas.

 Si hay asquerosas virutas es porque hay figuras tópicas de ensueño: el chico bueno (Will Turner), la chica buena -y buenorra- (Elizabeth Swann), el tonto (James Norrington), el suertudo y valiente (Jack Sparrow), el cobarde (Weatherby Swann), la tropa (piratas y soldados), ron y putas a voluntad (sexo, droga y rock & roll)… todos dispuestos a reeditar la sempiterna epopeya del Amor sin Sexo de dos Hombres-Protagonistas que evolucionan sobre el rancio tablero de juego de la manida pelea por una Dama-premio que asiste inocente y perpleja a esa lucha de gallos, pero que llegado el momento se muestra resuelta a sacrificarse por amor.

¿Qué esperábamos? ¿Acaso creemos que puede haber amor sin sexo, hombres sin mujeres, hetero sin homo, orden sin desorden, norma sin anarquía, aventuras masculinas sin agresividad ni violencia… −aventuras que nos encandilan y emboban con la deslumbrante magia de la publicidad del EG?

¿Qué os parece, entonces? Os invitamos al cine, a “La maldición de la Perla Negra”, a ver la realidad. Si tenéis ojos para ver podréis disfrutar de dos películas por el precio de una: la que productores, guionistas, actores y directores creyeron que hacían, y la que el apabullante equipo publicitario del EG, entre bambalinas, filmó por encima de las conciencias de todo el mundo.

Reíd con el ojo saltón de Ragetti, con la astucia de Jack, el candor, destreza, arrojo y duro pasado del huérfano Will y la inocente buenez de Elisabeth…

[[¡¡¡que no le mires tanto el generoso escote y los pezones marcados, guarro/a, aunque aparezca continuamente así, que ni ella es tuya ni se lo ha puesto para ti!!!… nació así, vestida y despechugada, guapa de por sí, atractiva sin proponérselo, con todas las Oposiciones a Mujer aprobadas con matrícula]]

… buenez  que le ahorra tener otras habilidades. Por ser así, tal como ella es, y sin más, los hombres de la película desplegarán todas sus cualidades –que desde luego que las tienen− y se pelearán por ella, por tenerla y hacer de ella una reina: reina del Sexo (para Barbossa, para su tripulación de espectros, incluido el juguetón Jack, y para los piratas ebrios y tontorrones de Tortuga[1]), o reina del amor (para Will, James, Weatherby).

Reíd y disfrutad, pero no perdáis de vista que, como cada día, cada hora y cada minuto, nos están dando gato por liebre. Las películas sólo son realidad disimulada.


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[1]  Por no complicar más una frase ya complicada, sirva esta nota para extender el pensamiento. ¿Os imagináis qué le harían a la pura, inocente y elevada Elisabeth si cayera en manos de esa inmundicia de tripulación? Cuando Pintel y Ragetti le trasladan la invitación de Barbossa a cenar con él y ella la rechaza en primera instancia, pero la acepta después de la alternativa de tener que cenar con la tripulación… desnuda, ¿imagina ella qué le harían? Y si, ya Reina del Sexo, cayese por Tortuga –bella, inocente y aún poco usada− ¿cómo la recibirían las desgastadas y pintarrajeadas putas que hasta ese momento eran el máximo objeto de deseo de los libidinosos piratas?, ¿quién la trataría peor, ellos o ellas?